PREMIO NACIONAL AL DESARROLLO DE COMPETENCIAS DE LECTOESCRITURA Y AUDIOVISUALES 2015

viernes, 8 de febrero de 2019

Memorias de Tristán Saldaña



Beatriz Berrocal


Tristán Saldaña, es un muchacho de un pueblo bastante pequeño llamado Tornedo. Tristán, o como él prefiere que le llamen, Saldaña (ya que su nombre puede dar a burlas como Tristanín está Tristón), es un niño bastante peculiar. A diferencia de otros niños de su edad, a él no le apasiona eso de “relacionarse”, ya que prefiere hacer las cosas por sí mismo y no le gusta compartir tiempo con nadie; vamos que Tristán es antisocial. Este verano va a ser diferente a los anteriores ya que, “gracias a su tío”, va a ir a un campamento de verano.
Y pocos días después de la “gran noticia de su tío”, ya se veía en el bus del campamento, rumbo hacia 15 días en un albergue, que para Tristán importaban lo más mínimo. En el bus, conoció a un niño inglés de más o menos de su edad, al principio no le hizo caso; pero más tarde ya se les veía hablando. Según él, el niño inglés, era la cosa más blanca que había visto en su vida, por lo que le puso el mote de “Lejía”. Una de las mayores aficiones de Tristán era poner motes, lo hacía con todo el mundo.
Cuando llegaron al albergue los monitores decidieron poner a Saldaña con otros cinco niños incluyendo a “Lejía”. Después de conocerse un poco, el panorama actual en la habitación era: Tristán, “Lejía”, un niño negro apodado “el Piños”, debido a su ortodoncia; un joven muy muy feo apodado “Posdata”, debido a su repetición de la frase, ”casi se me olvida”; un niño que no paraba de contar sus pasos apodado “el Pasos” y por último un muchacho que no dejaba de mirar el ordenador, le apodó “Puntocom”.
Al acabar de instalarse, se enteraron  de que el “súper plan del campamento” era una liga de fútbol, el deporte más odiado por Tristán. Él prefería la escalada. A partir de los primeros partidos de su equipo (Los mismos de su habitación), no iban a los partidos con la idea de ganar o perder; iban a los partidos con la idea de no perder por más de 20 goles. Eran malos no, lo siguiente; tanto que se burlaban de ellos todos los de campamento; todos, menos Juli, una niña gordita también víctima de las burlas. Ella los animaba con todas sus fuerzas y no lo importaba lo más mínimo si le llamaban gorda o algo por el estilo. Acabaron siendo amigos, conocidos como el “pelotón de los torpes”.
Un día, de excursión, Tristán decidió comprarle un regalo para Juli, una colonia. No tuvo la oportunidad de dársela, ya que durante el día de visitas su abuela se la cogió pensando que era para ella. Ese día también había partidos y el equipo de Tristán perdió por algunos más que dedos en el cuerpo. Lo peor era que sus familiares estaban observándolo. Ese mismo día su abuelo se “perdió” en el recinto del albergue, pero después de mucha búsqueda resulta que estaba charlando, cosa que le gusta mucho a él. En resumen, un día bastante penoso; más para “Lejía”, ya que su familia no pudo venir desde Londres para verle.
Días después, otra excursión. Fueron a Lagares de Abajo, cerca de Fontana. El plan era ir a la playa y después a las cuevas. Lo de la playa salió bien, pero lo de las cuevas…no. Poco a poco “el pelotón de los torpes”, incluyendo a Juli y los Gómez, los abusones; se fueron separando del grupo. De repente Juli tropezó y torció un tobillo. Sin hacer caso a las burlas de los Gómez, fueron a pedir ayuda, pero nadie los oía, ya que se habían alejado demasiado. Pasaban las horas y la marea subía. Después de algún tiempo y algún que otro esfuerzo, los rescataron; todo gracias a un hueso de melocotón.
Un par de días después el campamento dio a su fin. Después de una emotiva despedida Tristán llegó a su entrañable pueblo. Allí fue recibido como un verdadero héroe, debido a su hazaña en la cueva.

La verdad es que este libro me gustó bastante, ya que es fácil de leer y muy entretenido. Está adaptado a nuestra edad (sobre 13/14 años), ya que el protagonista es de la misma que nosotros y son cosas (excepto lo de la cueva que sería un poco raro) que nos podrían pasar, ya que un niño de nuestra edad: se va de campamento, hace amigos, disfruta del verano… Es un libro no muy largo y como dije antes, fácil de leer; se da leído en una tarde.
 Lo recomendaría; no solo porque sea fácil y entretenido, sino también para que sus lectores se dieran cuenta de que no hay que estar metido en casa todo el día (ya sea por no tener amigos, no querer, estar “enganchado” a las nuevas tecnologías…), sino que hay que disfrutar del momento, de lo que hagas y de la gente que te rodea.

Hugo Sanmartín 2º ESO

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